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17 de agosto de 2020

El criollo Libertador de América

Colaboración del equipo UNSE de la Licenciatura en Historia integrado

por René Galván y Evangelina Isac

Ilustración: José Sandez. Licenciando en Artes Plásticas

 

Estratega, militar desde la cuna y por elección, su personalidad se define en una de sus frases más conocidas, “Cuando la patria está en peligro todo está permitido, excepto no defenderla”. José Francisco de San Martin creó bibliotecas, fue un lector empedernido, pintor, su pasión también fue la música, tocaba y practicaba mucho la guitarra. También fue un hombre, acusado, perseguido y exiliado, pero un individuo que nunca se calló, que quería la libertad de su país y de América toda.

Con la experiencia militar al servicio del imperio español durante dos décadas, cuando se enteró de lo que estaba sucediendo en 1810 en el Río de la Plata, pidió el retiro inmediato del ejército español para poner toda su juventud y su experiencia al servicio de su nación. Es así como en 1812 llega a Buenos Aires, donde se le reconoció su jerarquía militar de Teniente Coronel y se le encargó la creación de un regimiento que custodie las costas del Paraná, regimiento hoy conocido como Granaderos a Caballo.

La metrópolis estaba gobernada por el Triunvirato pero el poder centralista estaba en manos de Bernardino Rivadavia, que acallaba los reclamos del interior. Al ver tanta necesidad de cambio nuestro prócer, junto a Carlos de Alvear, creó la Logia Lautaro, una sociedad secreta que tenía por objetivo lograr la independencia y dictar una constitución.

Apenas siete meses pasaron desde su desembarco para que, en el mes de octubre, San Martín fuera parte de quienes forzaron la elección de un nuevo Triunvirato. En 1813 San Martín y sus Granaderos combatieron por primera vez frente al Convento de San Lorenzo, en Santa Fe. El triunfo fue total y de esta manera la reputación del por entonces Coronel crecía aún más. La disciplina y el entrenamiento riguroso en el arte de vencer, con que había preparado a sus escuadrones, habían dado sus primeros resultados.

Cuando fue designado en la jefatura del Ejército del Norte, en reemplazo del general Manuel Belgrano, pasó por Santiago del Estero en 1814, la tierra de la que había tomado esclavos para engrosar la infantería de libertos. Ese mismo año fue nombrado gobernador de Cuyo.

En su gestión de gobierno, desde Mendoza, desplegó su talento político para pedir por la independencia y sumar apoyos para la continuidad del plan de liberación continental. Se rodeó de amigos, hizo alianzas útiles e impuso su poder cuando fue preciso. Renunció a la gobernación, pero el Cabildo y el pueblo no permitieron su reemplazo. Esta decisión de San Martín se dio en un contexto en que su popularidad estaba en aumento, algo que no desconocía.

La claridad de sus ideas emancipadoras le permitieron manejarse con pragmatismo para mantenerse equilibrado en esos años convulsionados. Alvear se había convertido en su principal rival político, dentro y fuera de la Logia. Por otro lado, se opuso también a las ideas federales de Artigas: no eran convenientes para el momento, porque “el único modo de llevar adelante nuestra feliz revolución es conservar la unidad de las Provincias”, según afirmaba. Eso a pesar de que el apoyo del gobierno de Buenos Aires a nuestros dos grandes hombres como Belgrano y San Martin fue muchas veces esquivo. Ambos se valieron, entre otras cosas, de la disciplina revolucionaria y de los decretos de expropiación para suministrar a sus huestes. Una de las claves del éxito del plan sanmartiniano fue el armado de una formación militar multiétnica que incluía a esclavos, pardos, indígenas, mestizos y blancos pobres y otros mejor ubicados.

Lograda la declaración de la independencia, San Martin continuó articulando los engranajes para la maquinaria que implicaba la mirada global sobre el proceso emancipador que había comenzado. Comprendió que había que derrotar a Lima y llegar a ella por el océano Pacifico. San Martín no dudo en impulsar la organización de un ejército en Mendoza, sustentado en los aportes voluntarios y forzados de la región. Logró cruzar los Andes, eliminar el bastión realista chileno y abrir el camino a Lima. Allí finalmente tomó la plaza y el estandarte de Pizarro.

En 1822 se produjo la cumbre histórica de libertadores, cuando San Martín y Simón Bolívar se reunieron en la conocida “entrevista de Guayaquil". En esa misma década, en medio del conflicto entre los grupos unitarios y federales, retornó a Europa, donde estuvo lejos del escenario, pero no de los actores de la política rioplatense.

Asma, reuma, úlceras aquejaban a San Martín quien falleció el 17 de agosto de 1850. Una de sus últimas voluntades fue que su sable sea entregado a Rosas ya que al igual que él siempre lucharían contra lo extranjero. También pidió que su corazón descansara en Buenos Aires, voluntad que se cumplió en 1880 cuando el presidente Avellaneda recibió sus restos.

 Hoy más que nunca, debemos reafirmar lo que exclamó el padre de la patria: “Compatriotas, la patria existe y triunfará”. Amemos y defendamos a la patria, llevando en el alma los colores de nuestra querida bandera argentina y los ideales del General San Martín, siendo ciudadanos responsables, de compromiso, honestos, sinceros y verdaderos.

 

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