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27 de Marzo Día Mundial del Teatro

 

Nelly Beatriz Tamer

Investigadora, dramaturga, docente y directora teatral.

 

 

En 1961, el Instituto Internacional del Teatro (ITI), organismo incorporado a la UNESCO, consideró que dada la importancia del Teatro, el arte más antiguo de la humanidad, había que dedicarle un día en particular.

Primero fue en Helsinki y luego en Viena, en el 9° Congreso Mundial del ITI en junio de 1961 cuando el Presidente Arvi Kivimaa propuso en nombre del Centro Filandés del Instituto Internacional de Teatro que sea instituido un Día Mundial del Teatro. La propuesta, espaldada por los centros escandinavos, fue aceptada y aclamada unánimemente. Son muchas y variadas las actividades que se organizan para conmemorar esta fecha. Una de las más importantes es la circulación del Mensaje Internacional del Día Mundial del Teatro a través  del cual, por invitación del ITI, una figura sobresaliente en el teatro o en otros campos comparte sus reflexiones sobre el Teatro y una Cultura de Paz. El Primer mensaje fue escrito por Jean Cocteau (Francia) en  1962. Desde entonces, el Mensaje es traducido a numerosos idiomas, leído a los espectadores de las presentaciones teatrales de todo el mundo, impreso en diarios y transmitido por radio y televisión en los cinco continentes.

La oportunidad es propicia para reflexionar acerca del origen y la importancia del teatro no solo en el sentido histórico y social sino también en el ámbito de la formación de la cultura  y de las personas.

 

El Papel del Teatro en el transcurso de la Historia.  El teatro viene del fondo de los tiempos, es tan viejo como la Humanidad. Nace de la necesidad del hombre de comunicarse con sus semejantes para expresar sus deseos, sus miedos, sus afectos, pedir ayuda, dar órdenes, rechazar algo. En aquel lejano período, nuestros antepasados se valieron de todo su ser: de los pies, de las manos, de la expresión de sus rostros, de la voz, que antes de la lenta adquisición del lenguaje estructurado, transmitía sus mensajes por medio de las modulaciones de timbre y volumen. Pero el hombre primitivo se encontraba indefenso ante la naturaleza mágicamente dadivosa unas veces y otras hostil y furiosa. Frente a ella se sentía muy pequeño y comenzó a considerar a sus elementos principales (el sol, la luna, el mar, algunos animales…) como a seres superiores y se comunicó con ellos para suplicarles benevolencia, pedirle favores, darles gracias. Y para hacer más eficaces estas preces, los hombres debieron reunirse en clan o comunidad.

Las tribus a lo largo de los siglos fueron conformando ritos, ceremonias y formas de expresión primitivas en las que aparecen los primeros gérmenes de la teatralidad.

En el ancestral convivio nació el teatro, arte que en el transcurso de los tiempos sufrió embates y aunque a veces atentaron contra él no lograron eliminarlo. Cada vez se levanta con nuevos bríos y enfrenta a todo y a todos.

 

El Teatro recobra su fuerza enriquecido con una nueva manera de ver el mundo. El Covid19 y sus consecuencias también afectó al Teatro. Está claro que la cuarentena impuso una fuerte restricción a la cultura convivial y, al mismo tiempo, en proporción directa favoreció el avance de la cultura tecnovivial. De pronto, todo lo que naturalmente se hacía en convivio ya no pudo hacerse. Se volvió peligroso por el contagio físico, personal en la proximidad del territorio.

Lamentablemente, desde marzo de 2020, la pandemia transformó nuestra realidad cotidiana en todos y en cada uno de sus aspectos y manifestaciones. A partir de entonces no hubo convivio, encuentros presenciales y las prácticas artísticas en su diversidad sufrieron cambios a los que en la mayoría de los casos tanto los jóvenes como los mayores se resistieron a aceptar en un comienzo. Y el convivio teatral se transformó en tecnovivio, una nueva forma de hacer teatro. La creatividad, el ingenio y el talento de dramaturgos, directores, actores, técnicos lo  hizo sobrevivir a través de Internet y estrategias digitales.

El aislamiento que impuso la pandemia llevó en muchos casos a los dramaturgos a escribir otras historias y a los trabajadores del arte escénico a intentar renovadas dinámicas de representación teatral. Al respecto, cabe destacar que las mejores obras de Shakespeare las escribió durante la peste. Redujo drasticamente la cantidad de personajes y de escenarios como para poder estrenarlas en giras por los pueblos. De su resistencia hizo novedad.

El teatro, un arte tan primitivo mirado en comparación con las nuevas propuestas audiovisuales, ha encontrado en eso su esencia: el desarrollar convenciones que suplen carencias, la capacidad de sorprender con recursos que a más de básicos son asombrosos. Esto es lo que impacta al espectador, es ese asombro de cómo se puede hacer tanto con tan poco.

 

Presencia y rol del espectador en el acontecimiento teatral. A fines del año pasado y a comienzos de éste volvió el teatro de puertas abiertas, con ciertos protocolos que permitieron habilitar, asimismo, espacios no convencionales para convocar al encuentro y disfrute de espectáculos teatrales no solo en Buenos Aires y centros turísticos del país sino también en Santiago del Estero, capital e interior, al igual que en otras provincias.

Celebramos el regreso del convivio fundante de la singularidad de acontecimiento del arte teatral. En el teatro, en una encrucijada de espacio y tiempo se reúnen los artistas, los técnicos y los espectadores. El teatro puede existir sin escenario, sin iluminación, sin efectos sonoros pero no existe sin la relación actor-espectador en la que se establece la comunicación directa y viva. “El espectador representa una gran oportunidad para repensar y redefinir el teatro” sostiene Jorge Dubatti, creador de la Escuela de Espectadores.  

En los últimos años se ha reconsiderado al teatro como acontecimiento. El teatro es algo que pasa y en ese algo se construye sentido. No se trata solo de un acontecimiento de lenguaje y comunicación. La base del acontecimiento teatral es la estructura ancestral de la reunión, el convivio, el fenómeno humano de la cultura viviente en el que se genera una zona singular de experiencia y subjetividad colectiva. Nadie va al teatro para estar solo. La reunión teatral consiste en vivir con los otros, sentir, mirar, emocionarse, interactuar, discutir con los otros. Es una reunión de cuerpo presente, territorial y efímera.

Desde la semiótica y la teoría de la recepción se asiste a una valoración del espectador en el acontecimiento teatral. El espectador es un co-creador. Lo ha dicho Alfredo Alcón, el gran actor argentino: “El teatro se hace entre los que están abajo y los que están arriba del escenario”.

Hoy vemos con agrado y satisfacción que el teatro, conjunción de ficción y realidad, está recobrando su fuerza enriquecida con una nueva manera de ver el mundo. Ante ello, nuestro compromiso actual, el de quienes trabajamos por difundir este arte pluridisciplinario en nuestros territorios, es generar propuestas escénicas que incluyan a las diversas singularidades de potenciales espectadores, sujetos imprescindibles para la comunicación teatral.

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