
Colaboración
José de San Martin: más allá de los antagonismos
Por Mg. Esteban Brizuela, docente de la FHCSyS
Es un honor y un desafío, en un país acostumbrado a los antagonismos y a pensar todo en términos de blanco o negro, escribir sobre una figura que, al menos por un momento, nos hermana: me refiero a José Francisco de San Martin y Matorras (1778-1850). Es un prócer que está por encima de nuestras luchas intestinas de cada día, de nuestras rivalidades tan domésticas, exacerbadas en épocas de elecciones. El general parece estar más allá de radicales vs peronistas, libertarios vs nacionalistas, de militaristas vs demócratas.
Eso nos plantea una pregunta, ¿por qué es un prócer que trasciende las grietas y es rescatado tanto por derecha como por izquierda? En medio de todos los abismos que nos separan, ¿cómo logró San Martín reconciliarnos, aunque sea por un rato? Algunos dicen que es porque evitó ese baño de sangre que significaron las luchas entre unitarios y federales. 28 años en el exilio lo tuvieron lejos de las luchas fratricidas que arrasaron a nuestro país naciente. Es decir, no tuvo la necesidad de estar obligado a optar entre un bando u otro.
Pero en esto de pensar cómo llegó a ocupar ese lugar, sabemos que un santiagueño tiene mucho que ver con la puesta en alto de San Martín. Me refiero a Ricardo Rojas, a quien llamaban “El Mataquito”. Ensayista, poeta, historiador, dramaturgo, un verdadero genio que dio Santiago del Estero. Nuestro Ricardo Rojas, en uno de sus grandes libros, lo pone en un pedestal, porque para Rojas no solo es el héroe, es el Santo: “El Santo de la espada”. Pero al poner en un primer plano la “espada”, es decir, la faceta militar, quizás deja de lado u opaca un tanto al político, al político que, sin duda, era San Martín. Y como político tenía una obsesión: la independencia. Antes de cruzar los Andes, había que independizarse. No quedaba otra. San Martín estaba cansado de quienes, según una expresión de la época, continuaban “fernandeando”. ¿Qué era eso? Ser funcional a la corona española. Dilatar el momento de la independencia. Hacerle el juego a Fernando VII.
Todas las descripciones de su personalidad coinciden en que era un hombre sereno pero muy seguro de sí mismo. Era un líder, claramente. Un líder puede convencer de muchas cosas a sus seguidores. Un líder tiene la capacidad de persuadir al resto de la conveniencia de lo que él quiere.
Entonces, decía San Martin: “Desde que volví a mi patria, la independencia ha sido el único pensamiento que me ha ocupado, y no he tenido más ambición que la de merecer el odio de los ingratos y el aprecio de los hombres virtuosos”. Así, explícitamente, dice una carta de José de San Martin. Como acabamos de leer en esta cita, se vanagloriaba de quienes lo odiaban. Y sobre todo, quería que declaremos la independencia.
En otra carta, San Martín le decía a Godoy Cruz, diputado mendocino, que era una cosa bien ridícula seguir prorrogando (procrastinando, dirían hoy) el momento de declarar la independencia. Y finalmente, cuando llegó julio de 1816, San Martín, poco acostumbrado a las medias tintas, escribía: “La maldita suerte no ha querido el que yo me hallase en nuestro pueblo para el día de la celebración de la Independencia. Crea UD que hubiera echado la casa por la ventana”.
Pero luego de la independencia, quedaba una tarea aun más difícil: hermanar a los pueblos americanos. Unirlos en la emancipación. Para eso San Martín formó el Ejército de los Andes, ese ejército compuesto en gran medida por miembros de las clases populares, por afrodescendientes, por criollos, y también por mujeres, aunque tantas veces las crónicas no las mencionan. Sí, sí, había mujeres en el Ejército de los Andes.
Y en este 2023, cuando se cumplen 206 años de aquel épico cruce de los Andes, nos toca atravesarlo a unos ocho meses de haber ganado el Mundial de Futbol 2022. Y a propósito de esta cuestión, nos enorgullecemos de tener al mejor jugador, de que el mejor de todos sea de Argentina, sea bien nuestro. No hace falta decir de quién estoy hablando….
Ahora bien, ¿qué pasa si les propongo pensar que estatuas o bustos de San Martin se cuentan a decenas en diferentes lugares del mundo? En al menos 3 de nuestros cinco continentes hay bustos y estatuas del general. Hagamos una breve lista: en el Central Park de Nueva York, en Beijing (China), en Berlín (Alemania), en Londres (Inglaterra), en Madrid (España), en Boulogne Sour Mer (Francia), en Otawa (Canadá), en la ciudad de Viena (Austria), en Washington (EEUU), en Rio de Janeiro (Brasil), en Yereband (Armenia) y por supuesto en Chile, Perú, Ecuador y Colombia.
Esto nos lleva a pensar, frente a tantos reconocimientos mundiales, que nos debería dar tanto o más orgullo tener a un José Francisco de Martin que gozar del mejor futbolista de lo que va del siglo XXI. Y de paso, al lado del orgullo, evocar su pensamiento político, reflejado en sus cartas y en su actuación de aquellos años vertiginosos.